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LAGUNA
DE RAPAGNA:
UN
PEQUEÑO PARAISO ESCONDIDO
Por:
Enrique Angulo Pratolongo
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Nuestro
país no deja de sorprendernos. A tan solo 100 Km. y algo
más al este de Lima y a 4,550 msnm, se encuentra la fascinante
Laguna de Rapagna. Esta hermosa laguna constituye todo un reto para
los aficionados a las excursiones de montaña. El autor de
esta crónica, un simple caminante que por poco no llega a
deleitarse con esta hermosa joya cobijada en la sierra central,
nos relata está agotadora pero maravillosa experiencia.
Si no hubiese recibido el aliento de uno de los caminantes, no estuviese
ahora relatando esta pequeña crónica. Los dolores
post esfuerzo aún persisten en mí, pero se apaciguan
mientras intento plasmar aquella titánica travesía
que me permitió conocer un lugar de ensueño; cercano
y muy recomendable. Para los mortales como nosotros no es una caminata,
sino una verdadera excursión hacía las alturas de
la sierra central.
Todo
se inició en el atardecer de un triste sábado de invierno
limeño. Tomé un colectivo a Chosica con las cinco
personas de nuestro entusiasta grupo de caminantes. Lima –
Chosica S/.6.00. Ingresamos a un mundo aparte en el Jirón
Paruro dentro del ya alborotado universo que es el centro de Lima.
En un terreno hacinado y repleto de gente, coexisten chinganas,
zapaterías, tiendas, baños, restaurantes y el paradero
de los colectivos. Tras esperar varios minutos y ver como desaparecían
los impacientes pasajeros en cada colectivo, iniciamos esta aventura.
Llegamos
a Chosica y rápidamente tomamos un colectivo hacía
San Mateo en el Km. 93 de la carretera central y a 3,139 msnm. San
Mateo es uno de los tantos pueblos desperdigados por la carretera
central. Ahí pernoctamos. Al día siguiente salimos
temprano hacía Río Blanco en el Km. 103 de la carretera
central y a 3,600 msnm. Desde ahí iniciamos este periplo
que me traería grandes sorpresas y una pequeña satisfacción
personal. |
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Diana
Muñoz, una novel trekker contempla el lugar oficial de descanso.
Esta zona ya pertenece al septuagenario campesino Don Lidio Carlos quien
antes recibía muy bien a los caminantes. Hoy está algo molesto
pues un grupo numeroso dejó residuos contaminates (envases plásticos)
lo que mató a una cría de su ganado. |
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DE
RÍO BLANCO A LA LAGUNA.- Iniciamos
la subida con cierta facilidad. El camino en zig-zag parecía no
ser muy complicado. Grave error. Este era solo el inicio de la larga travesía
que nos esperaba. Tras dos horas de marcha continua, la empresa no parecía
muy difícil y ya me imaginaba sentado a orillas de la laguna con
mi cuaderno de notas escribiendo alegremente mis peripecias. Los primeros
signos de cansancio empezaban a asomar en mí. La altura se hacía
notar y me recordaba que estaba a casi 4,000 msnm. Mis pulmones no encontraban
suficiente oxigeno para todo mi organismo, y lo peor de todo es que ni
siquiera estábamos a la mitad del camino. Nos esperaba un pequeño
bosque de piedras donde disfrutaríamos del primer descanso oficial
(en este lugar se puede acampar para retomar la aventura al día
siguiente). |
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Llegamos al esperado descanso y pude apreciar la verdadera belleza de
donde estaba. Nos tomamos las fotos de rigor, comí algo y me engullí
cerca de una docena de caramelos, esperanzado en suministrar suficiente
glucosa a toda mi humanidad. Según me comentaron mis compañeros,
si había llegado hasta acá, ya lo que viene es "pan
comido". Sarcástico comentario.
ELTRAMO
FINAL.- Tras
el descanso solo quedaba la conquista de la laguna. La vegetación
cambiaba conforme avanzábamos por la quebrada. El ichu empezaba
a dominarlo todo. Pocos eran los tramos planos, todo era subida y las
distancias entre cada descanso se hacían más cortas. Empecé
a dudar de lograr mi cometido y cada minuto pensaba seriamente en quedarme
sentado y esperar a que los otros regresen. Tres de nuestros compañeros
se adelantaron descaradamente hasta desaparecer tragados por las alturas.
Luego los vería como pequeños puntos de colores inalcanzables.
En ese momento decidí dejar todo de lado y embutirme lo que me
quedaba de alimento y así, esperar con la barriga llena y feliz
de la vida que bajen de ver esa insignificante laguna. Sana envidia. |
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La
paz de esta laguna no se refleja en una fotografía, pues hay que
sentir ese aroma, oir al viento rozar nuestras cabezas y dejar descansar
nuestro cuerpo luego de ese ascenso tortuoso para el que no es deportista. |
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Sin
embargo, tras recibir el último aliento decidí subir lo
(poco) que faltaba. Ya si estaba tan alto, que son unos insignificantes
metros más. Tras hacer los últimos esfuerzos, empecé
a sentir que por fin estaba llegando. Vi a uno de los caminantes salir
de entre dos cerros. Pensé en una aparición divina. Esto
significaba que estábamos muy cerca y efectivamente tras unos metros
más, un camino como el de un palacio, nos preparaba una gran vista
de la Laguna de Rapagna. Sentí una extraña sensación
de placer y de reconocimiento a tremendo esfuerzo. Por fin la tan ansiada
meta estaba ante mí y mis magullados pies. |
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Posan
para el lente del director Diana Muñoz, Enrique Angulo, Helder Villacorta,
Martha Cajaleón y Juan Carlos Granados. Felicitaciones a Helder que
con este trek se ganó el pase a ser miembro de Amigos & Tour. |
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El
color turquesa de la laguna contrastaba con los cerros que la protegían.
A lo lejos se divisaba algún nevado imponente. La laguna parecía
ejercer cierto magnetismo hacía mí. La calma que imperaba
en el lugar era sorprendente. Sentía una sensación muy agradable.
El viento que soplaba desordenado, me traía solo gratos recuerdos
y evocaba diversas ausencias. Los cerros que rodeaban a este espejo de
agua se empecinaban en llegar cada uno más alto, sin llegar ninguno
a convencer.
El
reflejo del agua se torna por momentos negro contrastando con el color
cristalino del agua de las orillas. Su vista quedará por siempre
en mi retina. Tras deleitarme con esta magnifica vista y sentarme a observar
cada milímetro del paisaje, tuvimos que iniciar la triste retirada.
Increíble recorrer de vuelta todo lo que había caminado.
Días después me cuesta creer todo lo que he caminado. En
dos horas y media de descenso llegamos a la carretera central. Para llegar
a la laguna necesité 5 horas y media. Acá el tiempo no juega
un papel muy importante. |
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La
sensación de lograr una meta es lo trascendental. Pese a sentir
que algo me faltaba, llegué a ese sitio tan cerca pero remoto a
su vez. Ese lugar que está alejado de todo el infierno citadino,
es realmente paradisíaco. Si quiere visitar la laguna debe sentirse
preparado para caminar tan solo algo más de 20 Km. en total, pero
que parecen 20 millas.
Solo
es cuestión de asumir el reto y "trepar" hacía
el cielo. Ya en la altura encontraremos belleza, tranquilidad y un bálsamo
para nuestras sensibles almas. ¿Quién no lo necesita? |
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Martha
en estado contemplativo frente a la solitaria belleza de Rapagna. |
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