|
| |
| |
¿Es
algún tipo de soledad la que nos impulsa a ir hacia lugares
lejanos de la urbe?. El autor reflexiona sobre eso y más
después de ser testigo de escenas como esta donde un citadino
vive lo solitario de una montaña. |
| |
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
 |
Esa
extraña
soledad
de
los
excursionistas |
|
|
|
|
|
|
Texto
y fotos: Hamilton Segura |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
"Esa
extraña soledad que se aviva los domingos o feriados que por
algún motivo no salimos, es la misma que hace especial, muy especial,
el encontrarse con alguien que alguna vez compartió una sopa
que se enfriaba rápidamente, unos sorbos de agua de lo poco que
le quedaba o te brindó su mano para cruzar un paso difícil".
|
|
|
|
|
|
|
Podemos
asegurar que los excursionistas que nos encontramos con nuestras maravillas
naturales allá por sobre los 3000 ó 4000 msnm llevamos una
extraña carga casi imposible de identificar durante los momentos
mismos de las travesías. Esa carga, que no parece pesarnos, nos
da ese aspecto nostálgico y a veces meditabundo con los cuales
somos capturados algunas veces a través del lente de una cámara.
Esa carga, muy especial, es producto de los muchos desengaños de
la ciudad, es producto del excesivo aburguesamiento y de alguna que otra
frustración en el campo laboral, profesional o en el sentimental
(¡vamos no digan que no, pues no hay nada de que avergonzarse). |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
¿Hay
que agradecer esa soledad?
Esa
extraña soledad que se aviva los domingos o feriados que por
algún motivo no salimos, es la misma que hace especial, muy especial,
el encontrarse con alguien que alguna vez compartió una sopa
que se enfriaba rápidamente, unos sorbos de agua de lo poco que
le quedaba o te brindó su mano para cruzar un paso difícil.
En otras palabras es una soledad que nos ayuda a encontrar nuevos amigos
y compañeros de viaje.
Pero no hay soledad que no se rinda ante una mano sincera, ante una
palabra amiga o una noche de tertulia a la luz de la luna y una mal
preparada fogata. Por esa razón es importante que reconozcamos
que si bien es cierto sufrimos de esa extraña soledad, que muchas
veces nos negamos en aceptar, tenemos que agradecer a esa misma soledad
pues gracias a ella conocimos a otras personas similares a nosotros,
gracias a ella vimos un amanecer en los andes, gracias a ella vimos
la mirada pura de unos niños campesinos o volvimos a vivir con
unos riachuelos que nos refrescaron como nada lo hizo jamás.
Gracias a ella sentimos por primera vez las sensaciones de éxito
al lograr llegar a un punto que jamás imaginamos, gracias a ella
muchas veces nos sentimos a nosotros mismos… por primera vez.
|
|
|
|
|
|
|
 |
|
Valga
este fin de año y esta navidad para reflexionar un poco más
sobre nuestra condición humana, sobre esa especial soledad
que a veces sentimos y entendamos que esa chocolatada y entrega
de regalos a niños de pueblos andinos tal vez sea una forma
de pago por las muchas emociones que recibimos, o una forma de regalarnos
un poco de satisfacción al saber que en la ciudad lo tenemos
todo, pero que fue en el campo donde encontramos realmente algo.
Algo que calma nuestra soledad, algo que ha marcado nuestras vidas,
algo que quizás no dejara de ser buscado por nuestra rara
soledad: nuestra esencia.
Aún
en la ciudad y atravesando el tiempo nos damos cuenta que algo muy
hermoso vivimos lejos de las luces, el agua de las duchas y la comida
del refrigerador. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
¿Es
la esencia la que precede a nuestra existencia? ¿o al contrario?;
podríamos filosofar por horas y sentir que las clases de filosofía
no nos dejaron muy lejos de donde nos encontraron, pero lo cierto es que
hoy ya podemos darnos cuenta que nuestra esencia no es idéntica
a la de aquellos seres que trabajan duro por mas de ocho horas diarias
para ser felices comiendo comida rápida en un restaurante de franquicia
internacional o viendo un DVD pirata en unos equipos que costaron ahorrar
mucho. No, parte de nuestra esencia está en esas montañas,
caminos, cascadas, playas y dunas que dieron cierto sentido a nuestra
existencia. Por eso aún con la comodidades de casa y ante la imposibilidad
de estar pisando el ichu o viendo el degradé de colores de las
montañas a la distancia, nos acordamos de esos momentos que sentimos
ser lo que nuestra alma esperaba.
A
ti que te descubres cada vez más, en lo tortuoso de un camino y
en un atardecer muy lejos de la ciudad, te deseo de todo corazón
¡una feliz navidad! y que el próximo año, quiera Dios,
compartamos juntos esa extraña soledad que nos hace ser lo que
somos. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|