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DESTINOS
Texto y fotos: Hamilton Segura

La campiña de Canta y su cercanía a Lima (100 Km) hacen que muchos limeños opten por ella como un buen destino turístico de fin de semana, en Obrajillo se puede descansar conseguir un hostal no muy caro, comer una trucha Fresca y disfrutar de un cielo azul; en Canta mismo aún puedes respirar el aire provinciano y enternecerte con las callejuelas andinas; ¿pero que hay para los excursionistas?, aquí le damos dos respuestas y alternativas para este fin de semana: Cantamarca y Pumacoto

HAY CAMINO PARA CANTAMARCA.- El problema principal para llegar a este mirador y parque arqueológico importante es encontrar un vehículo que te acerque hacia un punto cercano a la caminata. Luego de allí basta seguir el sendero y mirar hacia el cerro del mismo nombre y divisar algo de las ruinas de este lugar. En el camino hay lugares junto a un riachuelo donde se puede almorzar al estilo picnic lo que llevas en la mochila, compartir con los compañeros de viaje y así reponer fuerzas. Hay flores silvestres y si vas a campo traviesa es probable que veas a alguna pequeña víbora que temerosa se oculta bajo un arbusto. Luego de casi dos horas de caminata un azul y triste letrero del Instituto Nacional de Cultura te anuncia que has llegado a la ciudadela de Cantamarca donde vivía una de las esposas de Huayna Capac (Penúltimo Inca). Lo cierto es que con lo cansado que llegas no puedes ubicar la kullpi que muestran en la oficina de turismo de Canta. Por el contrario la "civilización" se muestra fácil ante nuestros ojos con la capilla cristiana del lugar donde se celebran la fiesta patronal de Canta.

Cantamarca es un derruido conjunto en el cual puedes encontrar hasta cuatro reconocibles construcciones de los antiguos Cantas, algunos arqueólogos dicen que pertenecieron a los Atavillos o Atahuallos pero desde esta humilde tribuna creemos que eran sólo Cantas(cuenca alta del río Chillón), los celebres enemigos de los Colli (cuenca baja del río Chillón) que continuaron luchando entre ellos aún en la colonia.
Según María Rostworoski (1978) el curacazgo de Canta estaba dividido en siete "parcialidades": Canta, Locha, Carhua, Visca, Lachaqui, Copa y Esquebamba. Su construcción data entre 1100 y 1450 ( Intermedio tardío) y fue aprovechado por los Incas luego de su conquista como centro religioso y administrativo.

 


EL VERDADERO MIRADOR DE CANTA
.- La vista del valle del río Chillón, de los pueblos de Canta, de su cielo azul, de sus montañas, refresca tu agitada llegada y el visor de la cámara fotográfica se convierte en tu principal forma de ver el horizonte. Así lo veían los antiguos peruanos, así lo vieron los Incas luego de conquistarlos y así de cansados estuvieron los conquistadores europeos al llegar allí por lo cual no tardaron en obligarlos a bajar hacia donde hoy se encuentra el pueblo, lo mismo hicieron con los pobladores de Pumacoto, Aynas y otros ayllus, perdón "parcialidades" (no se vaya a molestar alguna ilustre historiadora).

Algo que nos preocupa es ver la capilla del lugar construida con muy buenas piedras y a donde cada año celebran una fiesta patronal en la cual se bebe abundante chicha de jora, se saca la imagen de la virgen y la cruz para bailar con las mejores bandas folclóricas. Es lindo ver celebrar una fiesta tradicional a nuestros hermanos canteños pero no lo es tanto el saber que no se ha respetado el legado oriundo de sus antepasados. Ya están hechas las cosas, al menos le dieron un estilo de kullpi a la capilla, con entrada a doble jamba y vanos a manera de ventanas. Ojalá no se les ocurra y/o no les permita hacer lo mismo en Pumacoto y otros grandes vestigios que existen en esta provincia limeña. Cambiemos de tema y busquemos la pureza de los antiguos peruanos, ¡vayamos a Pumacoto.

   

Adivinen de donde salieron las piedras bien cortaditas para construir la capilla de Cantamarca, con razón es difícil encontrar intactas las chullpas, colcas, cullpis de los originarios Cantas.

 

PUMACOTO: UNA JOYA FELIZMENTE ESCONDIDA.- Partiendo del pueblo de San Miguel se inicia la caminata para llegar a este lugar donde se aprecian en buen estado varias construcciones que parecen ser construidos por Atavillos o una combinación de ingenieros Atavillos y Cantas. Pero esta caminata si que es dura pues asciendes más de 800 metros desde el mencionado pueblo. Un continuo zigzagueo con una perseverancia de 3 a 4 horas te permite llegar a la entrada de este complejo.

 
 
Desde la propia entrada obtienes la sensación de estar en un lugar no muy profanado y no muy reconocido, la belleza y la magnitud de las construcciones gratifican tu esfuerzo y empiezas a preguntarte¿ cuantas son?, ¿hacia donde miran?; ¿para que fueron construidas?. Luego de pasado el cansancio empieza el recorrido de sus callejuelas que no siguen la lógica occidental sino la de los andes: acomodarse a la madre naturaleza, tomas fotos, te toman fotos y un ritual mediático te corta la reflexión.
Vimos que hay muchas construcciones y están amuralladas con fines defensivos pero lamentablemente una tupida nube nos cerró a visión en la ultima visita por lo cual no pudimos calcular cuantas construcciones hay en el lugar. Dicen que hay muchos, eso tendremos que comprobarlo en esta temporada seca.
 
 
 

Pumacoto tiene mucho potencial para convertirse en un gran centro de atraccion turística, la magnificencia de sus construcciones asi lo ameritan pero s necesaria la partcipación de las comunidades y autoridades.
Averiguamos que en Aynas hay otras ruinas que están siendo atendidas por el alcalde del lugar, en Arahuay ya los pobladores reconocen la importancia de Sinchipampa, en fin, estamos seguros que los canteños poco a poco están comprendiendo la importancia de conservar su patrimonio cultural arqueológico, eso nos da oportunidad de seguir subiendo sus montañas, visitar su pueblos y honrar la memoria del los antepasados, nos da también la motivación para seguir hermanándonos más y compartir con nuestros lectores algo más de nuestro Perú.

Visite Canta, y si es con estilo aventurero, mejor.

Las kullpis de Pumacoto, al parecer, están bien conservadas. El autor de esta nota no pudo, fotografiar contar ni ver mucho por una espesa nube que se posesionó del lugar.
En la vista Martha y Julio exploran esta soberbia construcción.
 
 
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