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¡De
todo para tu evento! |
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Mi
iniciación
en
Espeleología |
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Texto: Sonia Bermudez (ECA Lima)
Fotos: Francois Fournial
Me
dijeron que ésta era una cueva fácil para ingresar. Tenía
temor, no lo niego, mi mayor miedo era no poder subir luego de bajar las
grandes paredes verticales que ya había visto en las fotos.
Françoise y Benoît fueron mis “maestros de iniciación”,
caminamos casi dos horas para llegar hasta el lugar donde se encontraba
el ingreso a esta caverna. Me dijeron que me vistiera. Jean Loup me prestó
su “mono” un traje de tela gruesa parecido a la lona algo
impermeable, pues muchas de las cuevas tienen filtraciones de agua de
lluvia que se cuela por los techos de las cavernas, mojando las paredes
y a veces creando una lluvia al interior de las mismas cuevas. Me puse
el arnés de Pierre C. que ese día fue con Jhon a Chachapoyas
para reparar el grupo electrógeno que estuvo malogrado desde el
primer día. Me revisaron el equipo, se fijaron si estaban bien
puestos los seguros y cerrados los mosquetones y empezamos a bajar.
La primera cuerda estaba atada a un inmenso árbol, avance pisando
fuerte pues el piso era un lodazal por la lluvia de la noche anterior.
Llegué al ingreso de un agujero de unos 2 m de diámetro
y luego de asegurarme Françoise bajó primero y luego Benoît
me indicó que la siguiera con cuidado. Baje rapeleando por esas
paredes fangosas y con algo de vegetación que crecía sobre
ellas. Cuando recién bajaba gire para ver cuanto me faltaba y el
panorama que vi fue realmente impresionante. La linterna de carburo de
Françoise quien ya había llegado al piso, alumbraba toda
la primera galería, era espectacular.
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Sonia
descendiendo por la boca de la caverna de Chaquil en la región
de Amazonas.
Su
experiencia de andinista y de escalada en palestra no le sirvió
de mucho pues la espeleología demanda otras técnicas.
La
espeleología es
la ciencia que estudia la naturaleza, el origen y formación
de las cavernas, su fauna y flora.(Fuente DRAE)
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Nice!, me dijo Benoît en inglés que era como nos comunicábamos,
pues no entendía español, le respondí - Very nice!.
Pero es difícil explicarlo con palabras es otro mundo allá
abajo, son galerías, pasadizos, corredores tan estrechos que a
veces tienes que pasar rampando o de costado pues no hay espacio y en
muchos casos te encuentras con ríos subterráneos tan grandes
que parecen lagunas y algunos llegan a 200 m de profundidad. Cuando terminé
de bajar los 12 m de esa pared caminamos con Françoise por la galería
que tiene más o menos 8 m, mientras Benoît bajaba. Fuimos
hacia la derecha con mucho cuidado para no resbalar y caernos porque el
piso además del fango era muy inestable y ya no estábamos
encordadas.
Cuando ya no pudimos avanzar regresamos a la galería principal
y caminamos hacia otro pasadizo esta vez hacia el lado izquierdo. Bajamos
con cuidado por unas formaciones como escalonadas superpuestas unas sobre
otras, y nos encontramos huesos humanos. Vimos cráneos humanos
y también huesos de una vaca que tal vez cayó por un hueco
y la lluvia esparció los huesos. También encontramos un
plato grande algo hondo que parecía hecho de piedra. Seguimos bajando
y la nueva galería cambiaba de forma. El techo era alto en algunas
partes mientras que se estrechaban las paredes cuando íbamos avanzando
en vertical.
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Allá
abajo, en el Uku Pacha, nuestra narradora invitada demostró
tener la fuerza de voluntad férrea y la serenidad que demandan
estas actividades adrenalínicas.
Esta
montañista, acostumbrada a subir cimas por caminos de herradura,
encontró una nueva forma de vivir a plenitud ese espíritu
aventurero que nos motiva a no quedarnos en casa (salvo sea absolutamente
necesario).
Ella nos cuenta su primera
aventura al interior de la tierra con toda la sencillez y facilidad
de escritura que caracteriza a una colega periodista.
¡¡¡Grande Sonia!!! |
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Luego de la primera pared por donde bajé al inicio en la galería
principal, continué bajando por casi 4 m más en esta otra
galería. Benoît nos dio el alcance. Estaba atado a un extremo
de la cuerda, bajó por un pasadizo un poco más arriba de
nosotros hacia el extremo derecho, era una especie de balcón suspendido
en la pared. El pensaba que podría ser el camino hacia otra interesante
galería y decidió inspeccionar. Estuvimos esperándolo
por 20 minutos a que nos avisara si lo debíamos seguir. Françoise
tenía atado a su cintura el otro extremo de la cuerda para darle
seguridad a su compañero y solo esperaba una señal al jalar
la cuerda que le indicará que debíamos seguir el camino
de Benoît.
En ese momento sentí mucho frío, realmente estaba casi congelada,
me apoyaba en una de las paredes pero no podía sentarme pues todo
el piso continuaba siendo barro lodoso, estaba con unos guantes -también
prestados-, pero sentía mis manos heladas y mojadas por apoyarme
en las paredes para no resbalar mientras bajaba o caminaba por cada pasadizo.
Benoît regresó, no nos avisó para bajar pues dijo
que no había nada interesante para continuar por allí. Emprendimos
el regreso, llegamos a la galería principal, la más grande.
El empezó a subir tan rápido como alguien que tiene mucha
experiencia haciendo espeleología por años.
Tocó mi turno y fue algo complicado al inicio. Tenía esa
pared vertical y solo tenía la cuerda frente a mí para subirla,
además de una escalerilla que debía colocar bajo uno de
mis pies para darme impulso y subir con el “jumar” (aparato
ascensor). No podía, lo intentaba y no podía, mis clases
y mis prácticas de escalada en roca fueron muchos años antes
y no había entrenado a bajar sino a rapelear, pequeño error,
que lamente todos los minutos que hice padecer por la espera a mis amigos.
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¿Sonia,
la esclava?
Con
casco, cadenas, arnés y demás parafernalia de la
espeleología
la protagonista de esta historia parece una esclava de la era
industrial que sonríe aún mojada por el trajín.
En cierta forma es una esclava pues ella, como todos los aventureros,
sudan, se esfuerzan al máximo en jornadas a veces superiores
a las ocho horas, ponen en riesgo su vida y... nadie les paga.
Es la esclavitud de los amantes de la aventura, esa esclavitud
que gozamos y esperamos no perder nunca.
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Françoise
trataba de alzarme y ayudarme a subir, pero no encontraba la forma. Pasaron
4, 5, 10 minutos, no lograba subir debía ser frustrante para ella
también que hablaba algo en francés con Benoît, que
nos esperaba en una saliente cerca del ingreso. Ella que sí hablaba
algo de español, luego me dijo que usará los dos pies que
quizás así sería más fácil para mí,
y allí sí pude hacerlo. Empezaba a impulsarme con los dos
pies y alzando los brazos para subir por esa larga cuerda. Además
de todo esto, me dijeron que mientras subía tenia que cuidar de
no quemar la cuerda con la llama del carburo de mi linterna frontal, eso
sería fatal, pues cortaría la cuerda por la que me sostenía.
Aún tengo impregnado ese fuertísimo y característico
olor de ese componente químico que permite a los espeleólogos
tener luz al interior de las cuevas.
Llegué por fin!, cansada pero feliz por haberlo hecho, Benoît
me aseguró y él continuo avanzando hasta casi salir al exterior,
al ingreso de la cueva, lo seguí y nos detuvimos a esperar a Françoise
que subió rapidísimo. Una vez que vi el sol y el hermoso
cielo de Chaquil me sentí más tranquila, todos llegamos
bien y felices, yo aún más porque era mi primera vez en
las profundidades de la tierra estaba impresionada, feliz y congelada.
Me tomaron las fotos de rigor y emprendimos el retorno al campamento base.
Françoise me felicitó y yo les agradecí por ser tan
pacientes y buenos maestros, sin ellos y su enorme paciencia no hubiera
podido hacerlo.
S.B.L. |
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Nos hubiera gustado que
su primera vez
(en espeleología)
fuera con peruanos
pero como dicen: A falta de pan... buenos son franceses (je, je)
creemos que no pudo tener experiencia mejor.
¡Gracias Sonia! por compartir
esos momentos con nosotros, gracias también a Benoit y Francois
por ser los maestros
en la iniciación espeleológica de nuestra querida
amiga Sonia.
No
se olviden que esta sección está abierta a todos los
lectores que quieran compartir una aventura en el Perú. Envíen
sus historias, las estamos esperando. |
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