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CRÓNICAS

 

Noche

Mística en

Bandurria

HUACHO

 

Luego de casi 5000 años la pirámide ceremonial de Bandurria en Huaura volvió a estar iluminada el 14 de octubre pasado para celebrar un rito a los Dioses del antiguo Perú, esta vez no fueron las antorchas las que lo iluminaban sino los reflectores que con la energía de un grupo electrógeno dejaron ver las formas de este complejo y a unos chamanes que con mesada completa invocaron a la madre tierra, a los apus (montañas sagradas), al sol y a la luna, delante de más de un centenar de visitantes y curiosos que llegaron al km. 141 de la carretera Panamericana Norte y caminaron en la oscuridad. Esta es la crónica que preparamos para ustedes.

A HUACHO ME FUI.- Llegamos a Bandurria en esa noche mística gracias a la gentil invitación de unas alumnas de la escuela de Turismo de la Universidad Nacional José Faustino Sanchez Carrión, ellas nos citaron en la Catedral de Huacho a las 5 de la tarde, arribamos al terminal al morir la tarde, ellas llegaron poco tiempo después. Luego de recorrer 20 minutos en dirección sur por la Panamericana Norte llegamos a la entrada del complejo Arqueológico de Bandurria en el Km. 141 de esta vía. Los estudiantes ingresaron pagando su entrada, nosotros hicimos el ingreso como nos corresponde como Prensa (libre), empezamos la caminata hacia este lugar en medio de la oscuridad iluminados por nuestra linterna frontal hasta un kilómetro adentro donde se ubicó el campamento. Luego de armadas las carpas fuimos en busca del mágico lugar que nos convocaba aquella noche que el viento costero norteño amenazaba molestar. Dijeron que habría mecheros que iluminarían el camino pero ya eran más de las 7 de la noche y se tuvo que caminar en la oscuridad hasta el encuentro de una zona iluminada donde se habían levantado unas precarias tiendas con triplay. Llegaban más personas en vehículos, llegaba la policía, llegaban los chamanes y llegaba la hora de acercarse a ese mundo prohibido durante cientos de años por la cultura occidental.

 
       
 


Para la mayoría esa noche era la primera vez que asistían a una sesión de limpia o florecimiento a cargo de dos brujos norteños.
La noche mostraba ya visos de misticismo y espectáculo.

 

 

   

ENTRE ESPECTÁCULO Y MISTICISMO:- Entre la penumbra de la noche y las primeras luces de los organizadores conocimos a Paloma y Felipe, dos jóvenes estudiantes limeños que fueron atraídos por lo místico del asunto. Ellos sabían menos que yo sobre lo que debíamos esperar esa noche, en ese hasta entonces enigmático lugar.
No pasó mucho tiempo y ya un chamán Huachano de Terno Blanco y sombrero de paja, inició una sesión de florecimiento grupal, para lo cual tuvimos que tomarnos de la mano las casi 80 personas que coincidimos a esa hora en esa suerte de pascana iluminada. Para la mayoría era la primera vez que participaban en un ritual como ese, Paloma la chica que recién conocía buscaba Felipe para que no se pierda esta parte pero él estaba en la zona de campamento asegurando su carpa y pertenencias.
Unas espadas clavadas al centro, unas cintas de colores, una cruz y unas colonias eran parte de la mesada, poco tiempo después se sumó otro chamán norteño, esté era del departamento de Lambayeque, lucía poncho y sombrero y junto al huachano prosiguieron con la limpia. Nos pasaron con una espada bamba, nos escupieron con una colonia barata, cantaron canciones de ritmos monótonos y sentíamos que estaban tomando la sesión bastante en serio. Los chamanes decían que teníamos que tener fe, teníamos que creer sino esto no funcionaba, así que continué mi misión periodística tomando fotografías desde mi posición en el ruedo, sin interrumpir mucho el ritual ni la concentración de los brujos que limpiaban en nombre de Jesucristo.

   
 

 

 

"Este chamán no tenía ese aire comercial y de espectáculo que daban los otros dos, connotaba un sentimiento diferente por lo que hacía; a pesar que bajo el poncho original de la zona de Paucartambo se escapaba una casaca jean, sus palabras en quechua traían una rara combinación de autoridad y humildad que más de uno sintío".

 
         

El TERCER CHAMÁN.-Ya estábamos perdiendo el misticismo cuando notamos al tercer chamán preparándose para el ritual en la pirámide de Bandurria, este vestía poncho andino, su mirada denotaba el consumo de la hoja se coca, su piel cobriza indicaba su grado de pureza autóctona. Nos acercamos y ante nuestras preguntas sólo respondió en el idioma oficial del Tahuantinsuyo y el del Perú actual sólo oficial en el papel. Sorpresa, este chamán no tenía ese aire comercial y de espectáculo que daban los otros dos, connotaba un sentimiento diferente por lo que hacía; a pesar que bajo el poncho original de la zona de Paucartambo se escapaba una casaca jean, sus palabras en quechua traían una rara combinación de autoridad y humildad que más de uno sintío. Su nombre era Donato y cargaba entre sus brazos como quien carga a un bebé una manta con toda la parafernalia que necesitaba para hacer el pago a la tierra. Esto empezaba a ponerse más interesante y más místico de verdad.

Llegaron las chicas de la Universidad de Huacho y con ellas fuimos a espectar las presentaciones en la pirámide y luego el pago a la tierra, en el cual presidiría la ceremonia Donato, el chamán llegado del Cusco que sin lugar a dudas se ganó el respeto de los otros dos chamanes quienes le dieron el lugar que le correspondía.
Luego del espectáculo presentado por el taller de Teatro de la escuela de Turismo, de las palabras de la Directora de la escuela y del arqueólogo Alejandro Chu, se inició la ceremonia del pago a la tierra, era la medianoche y la luz de una fogata iluminaba el rito que para muchos tenía mucho de mágico y ancestral. La mesa era una manta donde colocaban las ofrendas sobre un blanco papel y las palabras en quechua se dirigían a la tierra, al mar, a las montañas sagradas y al sol.

 
Estudiantes de la Universidad de Huacho presentan una teatralización sobre antiguas ceremonias en Bandurria.
   
 

BANDURRIA VUELVE A SER LO QUE FUE HACE 5000 AÑOS.- El pago a la tierra tuvo todo lo que los antiguos Dioses podían esperar, estaba el feto de una llama, frutas, granos, semillas, una mezcla de chicha de jora y vino y la infaltable hoja de coca. También se ofrendó metales con formas de estrellas y todo para pedir a la pachamama parabienes a este proyecto de investigación y desarrollo turístico de este lugar. A pesar de la mala traducción las palabras de este chamán andino se oían con respeto por quienes seguían el pagapu hasta más de la una de la madrugada. Era un viaje al pasado, la huaca de Bandurria volvía a ser un centro ceremonial luego de casi 5000 años.

 
El pago a la tierra es un ritual que se realiza en agradecimiento a los bienes recibidos de ella y a lo bienes que esperan recibir los oferentes.
   
Satisfechos ya nuestra curiosidad o misión periodística procedimos a retirarnos a ver si alcanzamos algo de esa Pachamanca que se preparaba mientras estábamos en la sesión de florecimiento con los chamanes costeños, era obvio que ya era un poco tarde para eso. Lo que siguió en el campamento es lo que ya se conoce como parte de otro tipo de ritual: fogatas, universitarios cantando con trago en la mano, uno de ellos borracho se "cruzó" y quería pelear con algún valiente, los ruidos que no dejan dormir, el frío de una carpa sin techo, y todo para despertar y volver a hacer el recorrido esta vez diurno y con una misión netamente fotográfica. Lo que fotografiamos aquella mañana también nos gusto: unas albuferas muy cerca de allí, verdes y paradisíacas, la pirámide de la noche vista de día que se mostraba diferente pero igual de interesante y a los jóvenes universitarios con equipaje al hombro acompañándonos. ¡Gracias muchachos!. H.S.

 

Estudiantes de Turismo de la Universidad José Faustino Sanchez Carrión de Huacho posan para la revista.

En agosto de 2005, al arqueólogo Alejandro Chu y un grupo de profesionales y estudiantes sanmarquinos excavaron el montículo mayor del complejo, de 60 metros de largo por 30 de ancho y 10 de elevación. Allí, lograron en noviembre pasado su primer hallazgo: una pirámide bastante parecida a las que encontró la arqueóloga Ruth Shady en la ciudad sagrada de Caral, en Supe.
Cubiertas por una gruesa capa de arena eólica de dos metros de espesor, las evidencias de una arquitectura de cantos rodados adheridos con una mezcla de barro y raíces –nunca antes registrada en la costa peruana– empezaban a retribuir el esfuerzo del grupo.

Varios días después, al pie de la pirámide, encontraron una plaza circular de 15 metros de diámetro que se articula con la construcción principal por medio de una escalera, armada también con canto rodado.
ANTONIO ÁLVAREZ FERRANDO
Diario El Peruano 27/12/2005
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