El anfiteatro, llamado asi por su forma, está rodeado de formaciones rocosas que parecen mirar al visitante que se refugia de los vientos gélidos de la noche.
 
¿A DÓNDE PODEMOS IR?
HUMOR CON LOS AVENTUREROS
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CRÓNICAS

 

Marcahuasi:

LA MONTAÑA QUE MIRA AL QUE SABE VERLA

Texto y fotos: Hamilton Segura

 

La montaña sagrada para los lugareños, la meca de los trekkers para otros, lugar de misterio para algunos y de juerga desenfreno para muchos. Son las definiciones que hoy se pueden dar sobre esta meseta ubicada a 4,100 msnm, en las alturas del pueblo San Pedro de Casta (3,200 msnm)de la provincia de Huarochirí. Para llegar a este pueblo se recorre aproximadamente 30 Km desde Santa Eulalia por una serpenteante carretera que te permite apreciar espectaculares vistas y pone a prueba tu adaptación a la altura pues en menos de tres horas asciendes mas de 2000 metros. Ya en ese lugar se alista la mochila, la aseguras a tu cuerpo junto al agua que nunca debes olvidar y se empieza la caminata,. Algunos contratan acémilas pero los de nuestro grupo optamos por la tradicional forma de llegar del buen trekker. Demás esta decir que al final cuando ya caía la noche nos arrepentimos de esta decisión y algunos cargaron sus mochilas, previo arreglo económico, en un aletargado burro que ya regresaba junto a su dueña.

 
 

Empezamos la caminata a un cuarto para las tres de la tarde pues el almuerzo en el pueblo tardaba en digerirse. La subida se hacía cada vez más pesada pero eramos orgullosos y no queriamos demostrarlo. La imagen de San Pedro de Casta se empequeñecía de manera lenta y nuestras cantimploras y botellas de agua empezaban a pesar menos, lo contrario parecía sucederle

a nuestras mochilas. Llegamos al anocher por la ruta larga, que esta vez estaba más extensa y agotadora que nunca (¿nos estamos haciendo viejos o no estamos en forma?), con las pocas linternas en el tramo final guiamos a los que no tenían, algunos empezaban a desesperarse, pero los gritos de llamada y las centellas de las linternas en la entrada del anfiteatro indicaron que estabamos muy cerca.Ya no era sólo nuestro grupo, estabamos acompañados en la oscuridad por chicos y chicas de diversos grupos que tuvieron la misma idea que nosotros para este fin de semana largo. El finlandés Errki era el que menos hablaba y se quejaba, Carlos había agotado sus fuerzas cargando una mochila con equipo para dos, llevaba las cosas de Rosemary , con estoicismo como lo hacen todos los hombres enamorados. Andy el más delgado y gracioso de nuestro grupo estaba sin el humor con el que inicio la subida y casi sin fuerzas también. Martha fue la primera en llegar y nos guiaba gritándonos desde la oscuridad y siguiendo al burro. Al fin llegamos al anfiteatro y procedimos a armar las carpas pensando que lo peor había pasado, que era hora de descansar y que gozaríamos haciendolo. La noche se encargaría de desenagañarnos.

El frio empezó a colapsar las vias respiratorias de más de uno, las gorras y abrigos, no parecían servir, había que dormir de a dos o de a tres. A mi las vias respiratorias se me cerraban y no podía respirar, busqué en el licor y la fogata de un grupo cercano el calor que me faltaba y vaya que si funcionaba, estaba mejor. Uno de estos muchachos llamaba con estentórea y casi desgarrada voz a sus amigos que no llegarían nunca esa noche. La fogata se fue acabando al igual que el licor y la noche helada parecía no terminar.

 
           
 
La energía que brinda el amor también se recarga en este lugar en el cual toda la dureza e irregularidad de su suelo parece ser un capricho de una naturaleza enamorada de si misma. En la vista Rosemary y Carlos, la pareja que le puso el toque romántico al trek.
Con alguna pastilla antihistamínica de Carla logré dormir un poco y la luz de un día despertó poco a poco a todos. Veíamos una vez más el famoso anfiteatro donde pétreos rostros parecen observar a las carpas multicolores de los viajeros que sobrevivieron a la noche. Era hora de desayunar y ya estaba instalada una señora que vendía café, té y sanguches a un sol. Eso no había hace unos años, cuando llegar a Marchahuasi era un encuentro con lo inhospito de la montaña y uno tenía que sobrevir cocinandose, abrigandose los unos a los otros, ahorrando el agua a lo máximo posible y dejando que nuestra vista e imaginación encuentre las formas que tanto han asombrado y que algunos ni alcanzan a distinguir. El anfiteatro mismo estaba rodeado sólo de rocas que con las sombras marcaban seres surrealistas que le daban esa magia sin igual al lugar. Ahora hay pintas, vendedores, chiquillos ebrios, noveles con el mal de altura por doquier, botellas y otros desechos que ya no queremos recordar para no opacar nuestra narración. Nada de eso debía aguar nuestra aventura asi que procedimos a buscar más figuras fuera de ese recinto natural.
 
         
     

Participaron en esta aventura:

Rosemary Mazzotti Carlos Carbajal Errki Kumpula Carla Pezo Andy del Risco Martha Cajaleón Hamilton Segura

 
El sapo fue una delas primeras figuras que vimos pero llamó la atención a todo el grupo y a otros, la roca que parecía ser un tobogán y que colindaba con un precipicio digno de contar. Las fotos iban y venían y ocultaban que casi todos sufrían el "soroche" y no disfrutaban a plenitud las formaciones rocosas, el cielo azul y la energía que brindan sus rocas. Descansamos y regresamos al campamento. El almuerzo, "para variar", tuvo atún, panes y una que otra fruta. El agua no alcanzaría para un día más, bebimos demasiado en la subida, entendimos que era hora de bajar. Levantamos el campamento y luego de la limpieza de rigor, mochilas en la espalda regresamos por la ruta corta no sin antes presentar nuestros respetos y fotografiar las ruinas y las chulpas del lugar, observar el llamado monumento a la humanidad, sus diferentes rostros y ver desde esa punta el pueblo de San Pedro. La bajada desde ese punto fue rápida pero los viajeros empezaban a mostrar algunas flaquezas producto del poco descanso de la noche anterior.
 
     
         
Los precipicios son espectaculares en Marcahuasi.
   

En el camino encontramos cabritos y descansamos en las pocas sombras, el objetivo era llegar al pueblo antes de que oscurezca para lo cual optamos por descender por el atajo más vertical, el que pasa por un camino del agua. La adrenalina en esta parte cundía a borbotones por nuestras venas, pero era lo que hacía falta para redondear la aventura y no llegar de noche pues las baterías de las linternas ya estaban casi extinguidas.

 
 

 

 

Las alturas de esta meseta hacen sentirse al visitante como un ave. En esta foto, parte del grupo en vano intento de volar

Foto:Carlos Carbajal

 

En los últimos 5 metros del atajo Andy se hirió una mano y fue auxiliado por la enfermera de este viaje: Carla, quien limpió y vendó sus heridas. Ya en el camino todos respiramos tranquilos pues sabiamos que el pueblo estaba a unos minutos. En ese tramo nos encontramos con los miembros de la aventura que no llegaron el día de la partida, el profesor de francés y la francesa de prácticas profesionales en el Perú. Eran casi las 6 de la tarde y bajamos con ellos al pueblo, ingresamos al mejor hotel pueblo, no había agua caliente, igual nos bañamos, celebramos con una cena el onomástico de Rosemary, bebimos, reímos y no nos imaginamos lo que viviríamos al día siguiente.

No hubo orden ese domingo, los turistas subían cual ley del más fuerte o el más vivo a las pocas unidades que llegaron a recogernos, hablamos en la municipalidad y estaban más preocupados por las elecciones de revocatoria de la semana siguiente, un bus llegó casi a la una de la tarde y subieron los mochileros hasta por las ventanas, otro casi a las tres, otra vez los más aguerridos entraron, se hacía casi las seis y optamos por abordar con la rapidez posible pero sólo subió la mitad de mi grupo. El último bus llegaría casi a las 8 de la noche y en él, regresaron los últimos compañeros de esta aventura.

 
 
   
     
       

 

Andy y Carla se distinguieron por su buen humor, espíritu gregario y de aventura.

El rubicundo finlandés Errki mostró temple a pesar de no tener experiencia en altura.
   
       

Errki conoció un Perú que no imaginaba desde el hospedaje de San Isidro donde vive; Andy descubrió que tiene en Carla una gran amiga, Martha probó ser la integrante con más físico en Amigos & Tour; finalmente Rosemary y Carlos confirmaron que se pueden querer en cualquier lugar. Pensarán que soy cursi, bueno.. sólo dejenme ponerle un final feliz a esta historia, ¿si?. ¡¡¡Hasta la próxima!!!

                       
 
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