Para
una europea como Elisabeth que ha visitado los 5 continentes (por cuestiones
de trabajo) llegar al Perú es una oportunidad distinta pues aparte
de que aquí puede encontrar lugares arqueológicos impactantes,
montañas soberbias, junglas tropicales, pintorescos pueblos andinos,
entre muchas bellezas naturales más; la visitante encuentra un
calor incomparable que no sólo seduce sino adicta, y es el calor
de la gente peruana, por supuesto el calor de esos compatriotas que
no sólo reciben bien al turista sino que le muestran su cariño.
Por esa razón Elisabeth Gasso Quilez se considera una adicta
al Perú.
Algunas
de sus amigas que radican en distritos como Miraflores y San Borja nunca
pudieron entender como su estadía en Lima la realizaba en barrios
como los del distrito de La Victoria o el populoso Comas, tanto así
que para reunirse con ellas tenía que encontrarse en uno de los
distritos residenciales y no en los populares. Y es que Elisabeth ve
las cosas de forma diferente a como lo hace un compatriota limeño
saturado de prejuicios: Ella ve a las personas; los otros muchas veces
ven la ropa, la cara, la condición económica y el distrito,
y si lo que ven no está dentro de sus prototipos de gente "bien",
pues... ya saben.