CRÓNICAS
Villa Rica: No sólo café

La tranquilidad de viajar por carretera asfaltada se termina cuando la camioneta rural (combi) toma el desvío que conduce hacia Oxapampa antes de cruzar el puente Reiter. Ahora ya no sólo sentimos el ronroneo monótono del vehículo sino también su traqueteo por esta ruta afirmada que por tramos más parece trocha carrozable. Pero ni la incomodidad de sentirse gigantes en una combi con asientos para gente de estatura menor a 1.60m nos hace perder de vista el panorama a través de las ventanillas; verticalísimos árboles parecen esforzarse en espigarse más para ver a los viajeros. Los turistas estamos con los ojos muy atentos ante el panorama, los lugareños adormilados con el movimiento y el rugir del motor, ellos no le dan importancia a la abundante vegetación que bordea el rio Paucartambo, que serpentea a nuestra derecha y que a nosotros nos impresiona.
Luego de pasar por San Luis de Shuaro y el puente Paucartambo nos vamos por la ruta de la derecha, el de la izquierda se va a Oxapampa, el rió que nos acompaña ahora es el Entaz, sus aguas translucidas y los erectísímos árboles, que nos dan su impávida bienvenida, son mas altos, algunos sobrepasan los 80 metros y parecen indicarnos que estamos cerca de algún lugar paradisíaco, tal como lo debieron juzgar en los años 20 los blancos colonos que llegaron a esta zona.

Al fin, Villa Rica está a la vista y no vemos el momento de descender del endemoniado vehículo que nos hace considerar al bus interprovincial que nos trajo de Lima hasta La Merced como el más cómodo del mundo.

Un desayuno de 5 soles en "El Rancho" , restaurante ubicado cerca al terminal terrestre, nos hace sentir que las dos horas de tortura moderna (léase viajar en

La casa de la familia Schuller, todavía mantiene el estilo tirolés traído por los colonos.

combi) tienen un final feliz. Un asado de zamaño y un café pasado pueden hacer olvidar cualquier malestar y prepararnos para la aventura de ver las cascadas del Yezú.

El calzado nos es casi arrebatado por los lodazales del camino, hay que hacer de equilibrista en las delgadas zonas sólidas de la trocha por la que no pudo atravesar la camioneta 4x4 que contratamos para que nos acerque todo lo posible a la cascada del León. Fernando García (50),uno de los viajeros del grupo comprende en este tramo la razón por la cual no trajo a su esposa en este viaje, ella no soportaría esta aventura, o desventura, de luchar contra el barro que intenta hacernos caer constantemente pero que felizmente nunca logró. Parecía que estuviéramos pasando dentro de una gigantesca carpa verde con subidas y bajadas resbalosas, avanzábamos ascendiendo y descendiendo refrescados por un olor a tierra húmeda cuando escuchamos voces de los bañistas que disfrutaban de la cascada del León. Ya estábamos muy cerca y una satisfacción de éxito invadió el corazón de todos al llegar a este lugar que sería uno de los más impresionantes, aunque nunca vimos al León ni entendimos a ciencia cierta el porqué del nombre de esas bellas caídas de agua. Empieza la salida por otro camino supuestamente más fácil pero resulto igual de resbaloso, húmedo y agotador. Roberto Castro (48) experimenta como todos las sensación de un total enajenamiento de los asuntos de oficina, pues nos dice que aquí hay que preocuparse sólo de no caerse, disfrutar de la vista y no hay espacio en nuestra mente para los problemas del trabajo, y vaya que tiene razón. En estos momentos hay que ayudarse a pasar endebles puentes hechos de troncos, avisar de un posible peligro en el fangoso camino, ver por qué se atrasa alguno; en fin caminar por la selva es un regreso a nuestros orígenes, a aquellos tiempos en que los hombres andábamos en bandas y la principal preocupación era sólo vivir y la unidad del grupo era la herramienta indispensable para ello.


Los caminos de la selva después de una lluvia, hostilizan al turista citadino.
Por la noche nos tocó disfrutar de la quema de castillos, bandas folclóricas y de las tradicionales chonguinadas en honor al Señor de Muruhuay, entendimos así la real distribución poblacional de Villa Rica en la cual el 80% son de origen andino, de departamentos del centro y del sur, un aproximado al 10 % son de origen selvático representado por las 11 comunidades nativas de la etnia Yanesha que rodean la ciudad. El porcentaje restante esta representado por descendientes de los colonos europeos que viven ocupados en sus cultivos de café primordialmente y mantienen sus hogares con característico estilo tirolés.
El día siguiente tuvimos la satisfacción de ver el desarrollo alcanzado por la comunidad nativa del Ñagazú que cuenta con instalaciones eléctricas, televisión y un colegio que haría envidiar a la mayoría de colegios públicos de varios distritos de Lima. A pesar de ser domingo los nativos trabajan en sus chacras y apenas tuvimos contacto con algunos pobladores quienes nos informaron que mantienen sus costumbres y que las muestran en fechas especiales.
El regreso fue muy colorido pues visitamos el "Rapallo", albergue ideal para el turista mas exigente, con paradisíacas vistas a "el Oconal", piscinas y otras comodidades a precios relativamente bajos . Mas adelante visitamos el recreo eco turístico "Los Ositos," en la misma avenida que conduce al centro de la ciudad, estuvimos de pláceme pues pudimos ver diferentes y exóticas flores, entre ellas las esperadas orquídeas que son el símbolo del lugar y adquirir artesanías de cerámica con la forma de estas bellísimas flores.
Luego de un suculento almuerzo en el Restaurant "El confort del Colono," al costado de la plaza de principal, nuestra misión era ver y fotografiar las construcciones con el tan conocido estilo alpino y fue así que visitamos la casa misional, la antigua iglesia, algunas casas de la Avenida Leopoldo Krausse y por supuesto la casa de la familia Schuler.
El Recreo Turístico "Los Ositos" nos permite disfrutar de flores exóticas.
Grupo de viajeros que rompió el mito de la "necesidad del fin de semana largo" para conocer sitios alejados de Lima.
Pero también fuimos a ver sectores menos favorecidos económicamente. Sus construcciones nos transmitieron su nostalgia bucólica y a través de los ojos de una niña que nos observaba pudimos recordar que estamos en un País hermoso pero en el cual campea la pobreza y Villa Rica podrá ser paradisíaca, para los ojos que la saben ver, pero no escapa de la realidad social peruana.
Precisamente para entender más como esta sociedad lucha por su desarrollo visitamos el prestigioso colegio "Nuestra Señora del Rosario", ubicada al otro lado de la Plaza de Armas, y nos recibió amablemente su directora Hna. Matilde Fernández Fernández. Ella nos da cuenta de la importancia de la educación en esa ciudad y como el colegio ha cumplido recientemente su quincuagésimo aniversario. Visitamos los diferentes ambientes del colegio y comprobamos que todo está muy ordenado y limpio, Walter Muñoz (52), otro de los viajeros, felicitó la labor de las misioneras franciscanas y no dudó en reconocer que un colegio como este es el resultado de un gran liderazgo ejercido por la dirección y los profesores.
El sol de la tarde se hace cada vez más delicado y tenemos que empezar el retorno a Lima, hemos comprobado que no tiene que ser necesariamente un fin de semana largo para disfrutar de alejados pero hermosos lugares de nuestro País a costos muy bajos. Pilar Espinoza, la menor del grupo, (24) resume nuestro viaje de sábado y domingo en una sola palabra: ¡excitante!.
Comprobamos también que en Villa Rica hay mucho de que enorgullecerse, está la gente andina que disfruta de huaylash, huaynos y chonguinadas, los nativos con sus danzas ancestrales y con la peirishpolka los descendientes de alemanes,están sus cascadas, su campiña, su café y su gran capacidad de integrar diferentes culturas y razas en un territorio húmedo como la transpiración de sus trabajadores y cálido como el corazón de los villarricenses.
Hamilton Segura
(Periodista Free Lance y Promotor de Turismo)
Las cascadas del Yezú son unas de las principales atracciones de Villa Rica
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