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de
una empresa gráfica, al cual brindé servicios de fotografía
por algunos años permitiéndome obtener ingresos eventuales
que son como salvavidas cuando no se tiene un empleo estable.
Todavía la
recuerdo cuando a lo lejos y sin poder verme gritaba: ¡encontré
agua...! y esas fueron las palabras más maravillosas del mundo
en ese momento para mi, pues en mi cantimplora y en las botellas de ella
sólo quedaban unos sorbos por si teníamos que descender
apresuradamente hacia los riachuelos que estaban unas horas abajo.
Esa energía vital que tenía para sembrar esperanza y animar
a los compañeros en el camino de su vida era especial. Nunca tuvo
mucho, pero siempre supo dar y compartir. Era simplemente una chica excepcional
y fuerte que supo superar muchos obstáculos en su vida como a piedras,
lodazales y grietas en sus caminatas. No era de posición económica
solvente y eso no fue impedimento para que ella practique las actividades
que más le gustaban como el trekking, la escalada en roca y el
sentirse muy feliz en la montaña rodeada de nieve, actividades
que se supone son reservadas para un sector favorecido económicamente.
Todavía la recuerdo esperándome en el parque Echenique de
Chosica algo molesta porque, como siempre, me había tardado y eso
hacía que nuestra partida para disfrutar de un domingo de sol,
de caminos de herradura y transpiración, se tardara también.
Era también así de enérgica y sabía exigir
lo que consideraba justo. Pero lo más lindo de ella era que también
sabía pedir, lo hacía de tal manera que tu no te dabas cuenta
que te estaba pidiendo ayuda sino sentías que te estaba dando una
oportunidad. Eso lo hizo mas de una vez conmigo y me encantó acompañarla
en alguno de sus proyectos, pues allí estaban sus amigos, compañeros
de aventura, con quienes también habíamos compartido rutas.
Recuerdo que cuando iba su oficina a vender algunas diapositivas a su
jefe, siempre tenía una sonrisa para darme la bienvenida furtiva,
pues en ese lugar de trabajo no estaba permitido la "vida social".
Era una sonrisa acompañada de esa mirada pícara que se imponía
tras sus lentes correctores. Era una sonrisa sincera, directa y breve,
tal como era ella.
La recuerdo que me llamaba para convencerme de darle la vuelta al Huayhuash
en el mes de julio de hace tres años, lo volvió a hacer
el año siguiente y como siempre por cuestiones económicas
o laborales no pude acompañarla. Ese trekking, que sería
el último para ella, era uno de sus objetivos mas preciados y ella
tenía que hacerlo. Ese año no me llamó para pedirme
que la acompañara, tampoco mi trabajo lo hubiera permitido. Pero
ella no era de las personas que se dan por vencida fácilmente.
Esta vez tenía un amigo para el camino y eso era suficiente para
empezar el trekking que quedó inconcluso por unos delincuentes
campesinos que buscaban paliar brevemente su miseria.
Todavía la recuerdo en la fiesta de año nuevo en un balneario
del sur con su gorra de bufón y con toda su energía. Fue
la última vez que la vi, hablé, bailé con ella y
proyectamos volver a compartir un camino de herradura. No imaginaba que
ese camino nunca llegaría, pues el trekking de su vida terminaría
ese año a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar cerca
de un poblado que ni siquiera figura en los mapas.
Ese trekking, conocido como uno de los mejores del Perú, duró
varios días, pero de seguro que para ella y Kurt, su norteamericano
acompañante, fue corto y juntos disfrutaron de la montaña
y de la nieve.
En la lucha contra el frío, contra la distancia y contra el tiempo,
salió airosa, pero... en la lucha contra la muerte no le fue igual.
En sus manos y uñas se evidenció la prueba de una pelea
hasta el final contra el desigual y sorpresivo ataque.
Una amiga, fuerte como ella, la buscó incansablemente por más
de un mes, presionando a amigos, a los campesinos, a la policía
para hallarla. Y así lo hicieron.
La recordaré siempre cuando esté en alguna caminata. Pero
sobre todo la recordaré como la amiga que me sonrió, me
dio la mano, y con su ejemplo me ayudó a comprender que el trekking
de nuestra vida no es el caminar para llegar, sino el esforzarse y el
saber compartir el camino.
H.S.
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