Con una pequeña ayuda de mis amigos
Huancaya y Vilcas, las perlas de la Reserva Nor Yauyos-Cochas
Romance y aventura en Pampas y Rúpac
Entrevista a Kike Pareja de la FK
MATUCANA - SANTIAGO DE SURCO por Lucía Mory
Salidas de grupos amigos
Alvaro
Humor con los aventureros
Créditos y contacto
Los niños del campo
CRÓNICA
Romance y aventura en Pampas y Rúpac

La estación de la empresa de transporte interprovincial ubicada a un costado del puente Ricardo Palma (Av.Abancay) estaba llena de viajeros entre ellos varios mochileros que no eran de nuestro grupo, Pilar, Roxana y Militza, las chicas del Cenfo ya estaban allí. El cielo del Lima estaba con ese gris plata de invierno y con ese frío que parecía que la ciudad empezaba a extrañar a sus inquilinos que están a punto de partir aprovechando el feriado de fiestas patrias. Eran ya las 8:30 de la mañana y faltaban llegar algunos. Una llamada telefónica al celular nos da cuenta que dos estaban en la estación y no nos reconocían pues se habían inscrito por teléfono, eran Mirta e Yván; otra llamada, ya estaban por llegar en un taxi la pareja de Ana y Miguel a quienes si conocíamos. Llegó Eliana y Toño, ella no trajo su guitarra, llego Julio y tampoco la trajo. A este último lo enviamos a traer una guitarra pues la parte musical de esta aventura tenía que estar asegurada. Esperamos por mucho rato y Julio no llegaba. Dos amigos que afirmaron, aseguraron, juraron que irían no llegaban, los llamamos por teléfono tan sólo para comprobar que no vendrían.

Luego de las presentaciones del caso por fin pudimos abordar el bus que nos llevaría 92 kilometros al norte, hacia Huaral. La guitarra ya estaba con nosotros y mientras algunos intentaban ver Terminator 3 en un televisor de 14 pulgadas a la altura del primer asiento del bus, los demás intentábamos dormir un poco.

Como en un sueño llegamos a Huaral y ahora estábamos en medio de desfiles patrios en los cuales, al parecer, toda la población participa, pues todo está movido, hay uniformes y mucho color, el transito de las calles y avenidas está desviado y nosotros buscamos la combi que nos subirá hasta la sierra. Luego de largos minutos de espera conseguimos el vehículo y este empezó su escape de la última ciudad que veríamos antes del retorno.
El ascenso a la altura del puente Mataca se hace rutinario, ir y venir en zigzag, siempre subiendo. Algunos dormitan, otros miran por las ventanillas como la carretera al lado del río Chancay se hace más angosta y empiezan a preguntarse a que hora llegaremos.

No son las cuatro de la tarde y ya estamos en San Salvador de Pampas. Para tomar una dosis de aventura todos cargan sus mochilas en las que van carpas, ropa, agua y alimentos en un recorrido de menos de 200 m hacia nuestro lugar de campamento al cual las chicas del Cenfo llegan agotadas. El pueblo fantasmal de pampas mantiene ese estilo pintoresco andino, y aunque muchas de sus viviendas no tienen mantenimiento no ha perdido esa mágica mixtura de indio y colonial.
Las agotadas chicas se ven reconfortadas al saber que no llegaron a Pampas cargando esas mochilas desde el pueblo de La Florida, tal como lo han hecho algunos viajeros que están acampando frente al templo, tras tres horas de ruda subida. Esa ruta se hacía cuando no existía carretera, pero desde que existe sólo la hacen los amantes del deporte y el esfuerzo máximo, nosotros llegamos en Combi porque somos amantes del turismo y de la amistad.
Ya instalado el campamento procedimos a hacer el recorrido oficial del pueblo para indicarles las tomas de agua, los posibles "baños", una vista general del pueblo, los principales referentes (no vaya a perderse alguien) y por supuesto la ruta inicial por donde mañana ascenderíamos a la ciudadela más conservada de los aguerridos Atavillos.

Ana y Miguel disfrutando de la belleza del paisaje que rodea a Pampas. Ellos vivieron tres días inolvidales con A&T

Un poblado andino al atardecer sin luces artificiales ni el ruido de la ciudad es casi siempre una propicia oportunidad para lograr la reflexión. En la foto: Yvan en meditación frente a la puesta del sol.

 

La tertulia frente a la fogata es también una buena oportunidad para conocer más a los compañeros de viaje.
En esta caminata previa encontramos a amigos del grupo Andex, vimos a María que empolvada volvía de Rúpac y nos advirtió de lo seco que está el camino.
Ya de vuelta y cuando empezaba a caer la noche nos dimos cuenta que nuestro campamento había sido tomado por ese tan humano síndrome de los sentimientos, las parejas de enamorados se ayudaban, se cuidaban, se miraban como si estuvieran encontrándose por primera vez y un halo de romanticismo nos hizo saber que esta vez la aventura no estaría sola, estaría acompañada del amor, y así fue.
Esa noche, luego del suculento plato de sopa instantánea con maíz tostado, cantó Toño, Eliana y Julio, los demás lo intentamos estoicamente, pues sabemos que nunca ganaremos un Grammy. Esa noche cantamos al amor y al Perú iluminados tenuemente por una cocinilla a gas de kerosene, y en la parte final de la tertulia los "cuentos de la cripta" hicieron fugar a dormir dentro de las carpas, si es que podían.
A la mañana siguiente, luego de un básico desayuno de mate de coca y pan con algo, nos preparamos para la marcha. Los primeros en salir hacia Rúpac fueron Ana y Miguel, quienes tomados de la mano parecían tener un físico envidiable. Nosotros que ya teníamos un programa lo hicimos poco después, pero en este grupo también nos acompañaba el amor. Eliana y Toño no andaban de la mano pero iban animándose mutuamente. Una zona resbalosa o una caída era motivo para que estén en contacto otra vez. Más arriba Mirta, la más joven del grupo era supuestamente ayudada y acompañada por Yvan, hasta que ella puso "tercera" y avanzó tanto que demostró que no necesitaba ayuda. Las chicas del Cenfo, Pilar y Roxana iban entre bromas y sonrisas siempre escoltadas por el atento Julio, Militza se había quedado en el campamento cumpliendo la noble e inevitable misión de cuidar el campamento; que linda fue ella al ofrecerse voluntariamente para esta importante función.

Luego de más de dos horas de cansancio, sudor y polvo coronamos el risco donde está asentado desde hace más de 500 años Rúpac, la curiosidad por verlo todo es intrigante pero el hambre es más fuerte.
Llegamos como lo habíamos previsto a las 12:30 horas aproximadamente y disfrutamos de un almuerzo de atún, pan y mandarinas. Después de la siesta de rigor emprendimos el redescubrimiento de esta ciudadela de piedra, renegamos de los graffitis que siguen en aumento, reclamamos a algunos turistas que dejaban sus botellas de plástico, explicamos las generalidades históricas de Rúpac, realizamos nuestra acostumbrada y simbólica campaña de limpieza y, con bolsas de basura en la mochila, retornamos al campamento.
¡Que lindo fue fotografiar a los enamorados en ese recorrido!, ese darse la mano de las parejitas era más que una simple ayuda, fue la reafirmación más sencilla de su relación, fue un compartir natural que sólo se puede vivir al aire libre y en circunstancias totalmente diferentes a la rutina. Los enamorados que nos acompañaron nos dieron más luces de lo importante que es elegir a personas que compartan nuestros sueños y aspiraciones, que comprendan nuestros defectos y debilidades, para así estar seguros de seguir juntos durante el tiempo que nos quede de vida.
Por la noche ya en nuestro campamento, otra vez la sopa Instantánea, la cancha (el grano sagrado de los Incas), otra vez la guitarra de Julio, los chistes colorados pero esta vez irradiados por la rojiza luz y el calor de una fogata hecha de un tronco, que Yvan y quien escribe cargamos desde el camino. Esa noche nos sentimos amigos, incluso luego de algunas discusiones por temas muy subjetivos; sabíamos que esta experiencia vivida no la olvidaríamos en mucho tiempo.
La mañana llegó más rápido que la noche anterior, procedimos a desayunar y luego a las sesiones fotográficas, dejamos a los enamorados compartir un Pampas muy personal hasta que la voz de José, el lugareño que nos acompaño en las tertulias, gritó: ¡¡¡ahí viene el carro...!!! y entendimos que era hora de volver.
No fueron sólo las canciones y los chistes, tampoco la sopa ni la fogata, lo que hizo que sintiéramos este viaje como una aventura especial, creo que fue la magia de Pampas y Rúpac enmarcando el amor, la amistad y el compañerismo que hicieron de esta salida una vivencia que quedará para siempre no sólo en nuestro álbum fotográfico.

H S.

Julio fue el galante compañero de esta aventura. Cantó, tocó la guitarra y contó cuentos de terror. En la foto, luego de dos horas de caminata, observa el sector de Marko Kullpi y al fondo el valle del río Chancay.

 

Parte del grupo que visitö la ciudadela de Rúpac y el bucólico pueblo de San Salvador de Pampas en el anterior feriado largo.
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