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El
placer de tomar fotos es común a casi todos los que amamos los viajes
y la aventura; nos encanta saber que con eso no tendrán dudas de
lo que les contemos o simplemente saber que tendremos un álbum que
será la admiración o la envidia de las visitas. Pero detrás
de ese placer nuestro existe la oportunidad de lograr mucho más.
Cuando llevamos nuestra cámara fotográfica a uno de nuestros
viajes lo hacemos con muchos deseos de traer bonitas vistas que mostrar
a familiares y amigos pero no nos damos cuenta que estamos desarrollando
la misma actividad que desde hace decenas de miles de años viene
realizando el hombre con la finalidad de plasmar algo importante, interesante
o peculiar de su vida.
Sí, parece loco hacer la comparación de la fotografía
con las pinturas rupestres pero lo cierto es que es lo mismo, sólo
que hemos avanzado tecnológicamente. El tiempo fue pasando y en nuestro
país, por ejemplo se plasmó hechos en telares, cerámica,
murales entre otros. Hoy no cabe duda que los huaco retratos mochica son
"fotografías," al igual que los ceramios que indican los
ritos sangrientos del señor de Sipán mucho antes que este
se descubriera y se tuviera la certeza que esas imágenes no eran
ficciones sino sucesos reales.
Pero más allá de la función documental de esta expresión
gráfica existen otros motivos por los cuales se sigue haciendo "click".
Uno de ellos es el afán de representación con el cual tratamos
por lo general de decirle a la gente que ve la foto que estuvimos allí;
por esa razón se ponen frente a la cámara y casi siempre no
dejan ver los paisajes u otras a vistas que pueden ser de mayor trascendencia
o importancia. |
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Otro
motivo es la función de memoria que tiene la fotografía por
la cual esas imágenes estáticas nos permiten recordar como
fueron los sucesos durante ese viaje o ese acontecimiento, quiénes
estuvieron, cómo eran, más flacos, más gordos, cómo
ha cambado el lugar, aspectos que el tiempo borra de nuestra mente y que
la magia de la instantánea no nos permite ignorar.
Otros son los que se apasionan por el simple hecho de ser una forma de comunicación
aparentemente fácil y generalmente bien aceptada por todos, evitándose
la labor de preparar, pensar, componer el mensaje y donde el poder compartir
la imagen prima más que saber |
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que
es lo que se comparte. Hoy que las cámaras digitales y los teléfonos
celulares se están fusionando, la comunicación se hace en
sólo cuestión de segundos sin dar mucho tiempo a reflexionar
sobre el contenido del mensaje y menos de la cualidad del mismo.
Son muy pocos los que usan la fotografía como una expresión
artística con la cual transmitir sentimientos, sensaciones y hasta
deseos sobre los diferentes lugares que visitamos o vemos. En este sentido
la cámara se convierte ya no sólo en una extensión
macluhiana de nuestros ojos y nuestra mente sino que se transforma en el
lienzo donde lo real toma caracteres plásticos, estéticos
y hasta oníricos, entrando la imagen a convertirse en un medio con
el cual se puede llegar a dimensiones diferentes.
Puede
parecer pedir demasiado a un público que no sabe más que
apretar el disparador de una cámara entrar a estos planos de la
expresión gráfica, pero la idea principal del presente texto
es hacer germinar la semilla del comunicador gráfico que todos
llevamos dentro y hacer que la próxima vez que esté fotografiando
en algún tour o viaje, sepa que en sus manos y sus ojos hay mucho
mas que la oportunidad de llevarse un recuerdo, sino que tiene una buena
oportunidad de ensayar sobre la pobreza, la riqueza cultural, la idiosincrasia
de un lugar, de unas personas, entre otros temas; pemitiendonos
ejercer nuestro derecho a compartir nuestras vivencias, nuestra opinión,
nuestros sueños de una forma más plena y más profunda,
a la vez que damos la importancia debida, mas allá de la postal
o la estampita (bonito paisaje, bonita cholita) a los lugares y personas
que situamos frente a nuestros lentes.
H.S.
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