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MARCO VEGA GALINDO
ASCENSO AL HUASCARÁN
El autor propone aprovechar la fotografía turística como una forma de expresión más profunda y humana.
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HUMOR CON LOS AVENTUREROS
CONÓZCANOS Y ESCRÍBANOS
EL PLACER DE LA FOTOGRAFÍA TURÍSTICA
REFLEXIÓN

El Placer de la Fotografía Turística.

El placer de tomar fotos es común a casi todos los que amamos los viajes y la aventura; nos encanta saber que con eso no tendrán dudas de lo que les contemos o simplemente saber que tendremos un álbum que será la admiración o la envidia de las visitas. Pero detrás de ese placer nuestro existe la oportunidad de lograr mucho más.
Cuando llevamos nuestra cámara fotográfica a uno de nuestros viajes lo hacemos con muchos deseos de traer bonitas vistas que mostrar a familiares y amigos pero no nos damos cuenta que estamos desarrollando la misma actividad que desde hace decenas de miles de años viene realizando el hombre con la finalidad de plasmar algo importante, interesante o peculiar de su vida.
Sí, parece loco hacer la comparación de la fotografía con las pinturas rupestres pero lo cierto es que es lo mismo, sólo que hemos avanzado tecnológicamente. El tiempo fue pasando y en nuestro país, por ejemplo se plasmó hechos en telares, cerámica, murales entre otros. Hoy no cabe duda que los huaco retratos mochica son "fotografías," al igual que los ceramios que indican los ritos sangrientos del señor de Sipán mucho antes que este se descubriera y se tuviera la certeza que esas imágenes no eran ficciones sino sucesos reales.
Pero más allá de la función documental de esta expresión gráfica existen otros motivos por los cuales se sigue haciendo "click". Uno de ellos es el afán de representación con el cual tratamos por lo general de decirle a la gente que ve la foto que estuvimos allí; por esa razón se ponen frente a la cámara y casi siempre no dejan ver los paisajes u otras a vistas que pueden ser de mayor trascendencia o importancia.
Otro motivo es la función de memoria que tiene la fotografía por la cual esas imágenes estáticas nos permiten recordar como fueron los sucesos durante ese viaje o ese acontecimiento, quiénes estuvieron, cómo eran, más flacos, más gordos, cómo ha cambado el lugar, aspectos que el tiempo borra de nuestra mente y que la magia de la instantánea no nos permite ignorar.
Otros son los que se apasionan por el simple hecho de ser una forma de comunicación aparentemente fácil y generalmente bien aceptada por todos, evitándose la labor de preparar, pensar, componer el mensaje y donde el poder compartir la imagen prima más que saber
que es lo que se comparte. Hoy que las cámaras digitales y los teléfonos celulares se están fusionando, la comunicación se hace en sólo cuestión de segundos sin dar mucho tiempo a reflexionar sobre el contenido del mensaje y menos de la cualidad del mismo.
Son muy pocos los que usan la fotografía como una expresión artística con la cual transmitir sentimientos, sensaciones y hasta deseos sobre los diferentes lugares que visitamos o vemos. En este sentido la cámara se convierte ya no sólo en una extensión macluhiana de nuestros ojos y nuestra mente sino que se transforma en el lienzo donde lo real toma caracteres plásticos, estéticos y hasta oníricos, entrando la imagen a convertirse en un medio con el cual se puede llegar a dimensiones diferentes.

Puede parecer pedir demasiado a un público que no sabe más que apretar el disparador de una cámara entrar a estos planos de la expresión gráfica, pero la idea principal del presente texto es hacer germinar la semilla del comunicador gráfico que todos llevamos dentro y hacer que la próxima vez que esté fotografiando en algún tour o viaje, sepa que en sus manos y sus ojos hay mucho mas que la oportunidad de llevarse un recuerdo, sino que tiene una buena oportunidad de ensayar sobre la pobreza, la riqueza cultural, la idiosincrasia de un lugar, de unas personas, entre otros temas; pemitiendonos ejercer nuestro derecho a compartir nuestras vivencias, nuestra opinión, nuestros sueños de una forma más plena y más profunda, a la vez que damos la importancia debida, mas allá de la postal o la estampita (bonito paisaje, bonita cholita) a los lugares y personas que situamos frente a nuestros lentes.

H.S.

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