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Rescatando
al trekker Bryan.
Por:
Hamilton
Segura |
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Esta
es la historia que trastornó una de las últimas
excursiones
como nunca antes nos había sucedido. Fue en la última
semana santa cuando con un grupo de 26 excursionistas aprovechamos
los días de feriado para conocer el último
refugio de los Incas en el Cusco: Choquequirao.
Estas ruinas ubicadas a más de 3100 msnm eran la
meta deseada por todos y para llegar había que recorrer
a pie 32 km de ida con desniveles de más de 1500 m por rudos
y tortuosos caminos de herradura. Esas distancias las superamos
esforzándonos al máximo y cuando ya las fuerzas
se extinguían, algunos, montamos mulas y caballos por tramos
para así poder llegar.
Salimos de Lima el miércoles y llegamos a Marampata ,
lugar cerca del cerro donde se halla Choquequirao el viernes
por la tarde, nuestra meta estaba a no más de
4 km pero casi todos nos quedamos a dormir pues no habíamos
descansado desde la salida de la capital. Ya era viernes y el
sol de la tarde a las justas alcanzó a iluminar el armado
de nuestro campamento.
El sábado era el día de gloria, nuestro vía
crucis de 32 km se vería recompensado por la visita a
este conjunto arqueológico que aún no está excavado
del todo, tan sólo un 30%, por eso aún hay
mucho de misterio allí, se siente que aún moran
los espíritus
de los que no se alienaron al nuevo régimen impuesto por
los conquistadores europeos. Allí murieron los viejos
soldados incas, que no se rindieron ni amilanaron ante las hordas
de decenas de miles de indígenas rencorosos ni
a los cientos de españoles que tomaron por asalto el imperio.
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La
alegría y el entusiasmo de Bryan Campos Vázquez se mostró a
cada paso durante los 32 Km. que separan el pueblo de Cachora,
donde empezó la excursión, hasta llegar a Choquequirao.
Aquí
lo vemos caminando junto al autor de esta crónica reflexiva por
el puente de la playa Rosalinas, el punto mas bajo de este
trekking.
¡Adelante
Bryan..!
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Esta ruta es
un importante trekking a un lugar Inca al que todavía pueden
llegar los peruanos de no muchos recursos económicos, pues
el camino Inca a Macchu Picchu es ya casi inaccesible por los altos
costos y por el control monopólico
de las grandes agencias de turismo que excluyen a la mayoría
del pueblo peruano. Por eso, queríamos conquistar Choquequirao
como una forma de decir a todos los connacionales que debemos visitar
lo nuestro y no dejar que los lobbys en nuestro congreso lo entreguen
a los intereses privados.
Ese sábado luego de un desayuno con mucha mezcla de alimentos
salimos a conquistar Choquequirao por grupos pequeños y
alcanzamos nuestro objetivo en promedio a las 10 de la mañana;
a las 12:30 estaban ya regresando porque deberíamos volver ese
mismo día pues el lunes casi todos deberían estar en
sus oficinas o puestos de trabajo y el viaje en bus dura casi 20 horas.
A eso de la una ya todos estaban descendiendo, y quien escribe,
fue uno de los últimos en llegar y también fue uno de los últimos
felices en regresar luego de la toma de sus fotografías, allí fue
cuando empieza el verdadero drama de esta historia.
A no más de 20 minutos encontramos a Bryan Campos (26) en la ruta
algo adolorido. Este amigo y miembro de mi grupo, que por su juventud
y estado físico
se había
adelantado, empezó a sentir dolores cada vez más fuertes,
le dimos pastillas para el dolor de estómago y nada detenía el terrible
malestar. Empezó a retorcerse, quiso defecar en el camino, no se si
lo logró. Los últimos
excursionistas empezaron a pasarnos; logramos avanzar hacia uno de los lugares
donde se han instalado servicios higiénicos, allí intentó otra
vez hacer sus necesidades pero no pudo. El dolor lo seguía tumbando
y hubo que usar la radio que tenía para pedir ayuda al líder
de la excursión: Wilder Macha. A él le dije: - envía
ayuda tenemos un herido de guerra, Bryan está mal no va a poder llegar-
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Sofía,
Bryan, Liliana, Marco, Evelyn y Wilder posan para el lente de Amigos
& Aventura sin imaginar que una hora mas tarde empezaría un drama
que conmocionaría a todos los excursionistas. |
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Un arriero y un
caballo llegaron, de inmediato lo subimos y se fueron al campamento
donde ya todos habían levantado sus carpas y se disponían
a bajar al río (1550 m de desnivel). Cuando llegué al campamento
( yo iba a pie) ya lo atendían y le habían dado una
infusión caliente. Liliana, una enfermera parte del grupo
de aventureros ya lo había revisado así que pensé se
pondría
mejor y con el caballo bajaría mucho antes que yo pues camino
despacio. Así decidí avanzar pues casi el 70% del grupo
ya lo había hecho.
No pasó ni media hora cuando escucho a Wilder
por la radio que Bryan está peor, se había puesto pálido
y era urgente que preparen una camilla; me paralicé de inmediato y ya
no pude seguir al mismo ritmo; pedí que le dieran caramelos, le dieron
como 20 de los que él llevaba en su bolso de la cintura (canguro), la
glucosa haría que sobreviviera, pues no sabíamos que era.
Peritonitis aguda fue mi primer temor pero el enfermo dijo que le habían
extraído el apéndice cuando tenía 15 años, respiré
con alivio pues sabía que una peritonitis en la montaña es fatal,
más de un montañista ha muerto al darle esa enfermedad lejos de
un hospital con médicos calificados.
Podría ser intoxicación, gastritis, envenenamiento o … alguna
maldición de esas que los Apus (Dioses antiguos) mandan a los irreverentes.
Nuestro amigo había estado jugando a ser un sacerdote y ofreció
una chica a los Apus, luego lo sacrificaron a él,
también
como juego, pero esta vez fue en la tierra del Ushno, el lugar de las ceremonias
y donde, de hecho, hace más de 500 años habían sacrificios
sangrientos de acuerdo a la cosmovisión del hombre andino antiguo. ¿Sería
eso?. ¿Era el castigo por nuestra falta de respeto?.
Lo
que siguió fue
más dramático, Wilder y Josué no podían
seguir jalando a Bryan que no soportaba montar a caballo por los
dolores, aún así, ayudados por unos arrieros lograron traerlo hasta
Santa Rosa Baja. Los lamentos de dolor nos afectaban hasta el alma,
no sabíamos que más hacer, los arrieros (campesinos)
le dieron un trago de aguardiente y hasta un poco de aceite pero
todo lo arrojaba.
Él pedía con mucho sentimiento que lo dejáramos
descansar allí, que ya no lo movieran, pero eso no íbamos
a hacer.
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La
camilla hecha de troncos, cuerdas y frazadas con Bryan asegurado a
ella, es llevada en hombros por fuertes hermanos campesinos de Cachora.
Estos arrieros fueron parte importante del rescate.
Desde
esta tribuna brindamos nuestro agradecimiento
y el de sus familiares a Don Domingo Peña y demás arrieros que
hicieron lo que fisicamente nosotros no hubieramos podido: cargar los
100 kilogramos, de el enfermo más la camilla, por varios kilometros
durante la noche para así llegar lo más pronto posible a un hospital
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La noche caería
pronto y aún quedaba mucho por descender para luego subir
por la otra banda del río. Los tres arrieros contratados tomaban
aguardiente y mientas uno descansaba, los otros dos bajaban en hombros
la camilla hecha con unos troncos, cuerdas y frazadas. Nosotros no
podríamos cargar los 80 kilogramos de Bryan más los
de la camilla. Los arrieros demostraron mucha fortaleza física
y mucha entrega también.
Llegado a playa Rosalinas estaban exhaustos los campesinos y nosotros,
ya era de noche y había que llegar por lo menos al campamento de
Chiquisca donde descansaban ya el resto de excursionistas. Se
pidió acémilas
pues en el último grupo de la playa había mucho lesionado de la
rodilla por la exigente caminata y por el cansancio extremo. Hubo que convencer
a Bryan de soportar el dolor de la monta y ayudarnos a llegar pues los arrieros
no podían cargarlo más. Lo logramos, y luego de casi una hora ya
estuvimos en el mencionado campamento.
Volvían los ayes de dolor, se le dio un poco de agua y teníamos
que descansar pues ya era casi de madrugada. Hacer descansar a Bryan fue casi
un milagro pero con una taza de té caliente sobre su hinchado estómago
y unos rezos lo logramos. Pudo dormir él y nosotros un poco también.
A eso de las 4:30 de la madrugada se levantaba el campamento, ya era domingo
y Bryan no había mejorado mucho pero caminaba un poco, lo subieron a un
caballo y él fue el primero en partir. Sería la última vez
que lo vería en el campo pues como íbamos a pie lo volvimos
a ver ya en el lecho de una decente cama del hospital del seguro en Abancay,
a poco más de una hora del pueblo de Cachora a donde la atlética
Cecilia Castro, compañera excursionista, había logrado llegar durante
la noche a buscar ayuda médica. Allí encontró a una obstetriz
y con ella conseguirían un auto que trasladaría al compañero
grave hasta el hospital.
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La
alegría y el juego se hicieron presentes en el Ushno de Choquequirao.
Evelincita, la bella doncella está a punto de ser ofrendada
a los apus por el sacerdote Bryan Capac.
¿Pudo
el juego despertar malas energías? |
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Allí lo
fuimos a buscar, cuando el bus de nuestra excursión nos llevó
eran como las dos de la tarde y Bryan seguía gimiendo de dolor
pero ya rodeado de médicos quienes habían llamado a
sus padres para pedir la autorización de operar con urgencia.
Así fue, la operación duró más de 4 horas
y encontraron un hueco en su estómago y una peritonitis que
ya le había causado septicemia. El Dr. Luis Alberto Morón
nos confirmó que la operación fue un éxito.
Unas horas más y hubiéramos perdido a un compañero
de aventuras y buen ciudadano. El Doctor se mostró sorprendido
por la fortaleza de Bryan de aguantar casi 24 horas el dolor de una
peritonitis complicada con una úlcera que no se sabe por que
apareció,
pues él es joven y tiene un empleo formal y come a sus horas. ¿Qué fue
lo que pasó allá arriba en la montaña?, ¿se
molestaron los Apus? ¿cómo un joven fuerte puede
tener de pronto una enorme úlcera y peritonitis grave, sin
tener apéndice?. Exactamente no lo sabemos, lo que si sabemos
es que hicimos bien en bajarlo de la montaña con ayuda de
fuertes arrieros, sus caballos, la ayuda de los propios excursionistas
que corrimos e hicimos todo lo que pudimos para lograr que Bryan
Campos Vásquez, un amigo aventurero haya sido rescatado
de una muerte segura.
Al cierre de esta edición Bryan ya estaba en
su casa y compartió una tertulia con algunos que fuimos a verlo, está
muy delgado, pero sonríe, bromea...., vive.
H.S.
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La
enfermera Ivonne Merma, el Dr. Ronald Villafuerte junto al sonriente
Bryan antes de uno de sus controles en la Unidad de Cuidados Intensivos.
Todo el personal de Essalud II de Abancay brindó trato amable
a los amigos y familiares de nuestro alicaído aventurero. |
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Nuestro
agradecimiento y felicitaciones a los médicos, enfermeras y demás
profesionales de gran nivel del hospital ESSALUD II de Abancay que operaron
con éxito a Bryan Campos a pesar de no contar con todos los equipos
necesarios. Este reconocimiento va en especial al Dr. Luis Alberto
Morón Chili y todo el personal de salud que demostraron que si hay personal
altamente calificado en provincias. |
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